Convivencia

Estrategias de autodefensa ante la agresión verbal | La réplica desintoxicante

 

 

1) LA RÉPLICA DESINTOXICANTE [1]

Esta estrategia proviene directamente del día a día. Es una estrategia de autodefensa que nos permite responder a un comentario hiriente sin caer en una actitud combativa.
Funciona del modo siguiente: tomamos las palabras que nos resultan ofensivas del comentario. Y luego preguntamos qué significan esas palabras. O cogemos todo el comentario y preguntamos al interlocutor ¿qué quería decir? Eso es todo, al principio.

Preguntar en vez de ponerse a gritar o marcharse.

Al preguntar qué significa exactamente un comentario, ofrecemos a nuestro interlocutor la oportunidad de precisar. A lo mejor entonces oímos una crítica razonable que puede sernos útil. O descubrimos por qué nos han hecho precisamente esa observación. Con la réplica desintoxicante damos una segunda oportunidad a nuestro interlocutor. Lo invitamos a aclarar las palabras ambiguas.
Pero, no será la réplica desintoxicante si nos plantamos delante del interlocutor con los brazos en postura amenazante y le soltamos cualquier frase que enfurece al interlocutor. Eso sólo sería devolver el golpe de manera agresiva. Para hacer la réplica desintoxicante será necesario que tengamos un poco de autodominio. Dejemos un momento de lado el sentimiento de ofensa. En vez de defendernos o de ponernos más bravos enseguida, mejor preguntémonos.

Ejemplos de la réplica desintoxicante.

Comentario: La nota de mi hijo es injusta. La Réplica desintoxicante: ¿Por qué dice que es «injusta»?
Comentario: ¡Pero eso es una tontería!. La Réplica desintoxicante: No comprendo, ¿qué quiere decir con que es una «tontería»?
Podemos cambiar un poco la formulación de la réplica desintoxicarte, con algunas propuestas sugeridas, así: ¿Cómo definiría usted…? (Añadir las palabras hirientes o poco claras.)

¿Qué entiendes por…?

¿Qué significa exactamente para ti…?
Si el interlocutor continúa usando palabras hirientes, podemos seguir reaccionando con la réplica desintoxicante. O pedirle que se exprese de manera más objetiva. El mejor ámbito para aplicar la réplica desintoxicante es el de las buenas relaciones laborales o personales que queremos que sigan funcionando. Con esta estrategia podemos parar y aclarar las críticas desafortunadas y las formulaciones tendenciosas.

 

¿Qué hacer si nos siguen atacando o provocando?

Evidentemente, es posible que el interlocutor no reaccione con toda la corrección que deseamos. A pesar de ello, mantengamos nuestra postura. Digamos claramente qué queremos.

Por ejemplo: «Tu comentario me ha afectado. Me gustaría saber por qué me has dicho algo así».

Es muy probable que el interlocutor nos diga entonces qué se esconde detrás de sus indirectas. A lo mejor está enfadado por algo. Démosle tiempo a decirnos dónde le aprieta el zapato.
Algunas personas no están acostumbradas a hablar abierta y neutralmente sobre lo que les molesta o les hace enfadar. En vez de una crítica constructiva, de esas personas sólo recibiremos reproches o comentarios sarcásticos. Aun así, sigamos en nuestra postura paciente y pidámosle que nos diga qué quiere y qué le molesta.

Es importante que lo aclare, ya que así se destensará la situación. Porque, las críticas no expresadas y el malestar acumulado son los motivos más frecuentes de los ataques verbales. Quienes lanzan indirectas están diciendo: «Estoy enfadado contigo».

las críticas no expresadas y el malestar acumulado son los motivos más frecuentes de los ataques verbales.

La réplica desintoxicante es una invitación pacífica por nuestra parte para aclarar el asunto.Es un ofrecimiento. Nada más. Al fin y al cabo, no podemos obligar a nadie a aceptar nuestros ofrecimientos. Pero, si el interlocutor sigue sin moverse del terreno de las impertinencias, sabremos cómo están realmente las cosas. Por el momento no podremos tener una conversación razonable con él.

La réplica desintoxicante apuesta por la comunicación en vez de por la confrontación. Asimismo, es una declaración de independencia. No reaccionamos maquinalmente como un autómata con su típico programa de defensa o de ataque. No, nosotros demostramos que somos libres. Tan libres que ofrecemos al interlocutor la posibilidad de hablar, aunque quizás tendríamos motivos más que suficientes para estar furiosos. Por nuestra parte, no hay pelea. Eso es superioridad real.

¿Somos muy vulnerables?

Hay personas que se ofenden por cualquier insignificancia. Una palabra poco precisa o un pequeño desliz verbal bastan para que se sientan molestas. Si de vez en cuando nos ocurre, esto nos ayudará, nos enseñará o nos entrenará para ser más resistentes. Porque un comentario chocante no tiene por qué herirnos obligatoriamente.
Examinemos detalladamente y con más conciencia el proceso que nos lleva a sentirnos heridos. ¿Qué es realmente un ataque verbal? ¿En qué consiste una impertinencia o un comentario tonto? En principio, sólo son palabras. Palabras pronunciadas que, en el fondo, no son más que sonidos, tonos. Apenas dichas, se desvanecen en el aire.

Las palabras son efímeras, muy efímeras. Se deshacen apenas se pronuncian.

Nuestra mente convierte los sonidos que salen de la boca de otra persona en un enunciado con sentido. Todas nuestras percepciones son interpretadas y juzgadas por nuestro pensamiento. Oímos, olemos, tocamos o vemos algo, pero es nuestra razón la que nos explica qué significa ese algo para nosotros. Si es interesante, si es bueno o malo, si es agradable o deprimente.
El mundo exterior es neutral. Nuestra mente es la que dice qué significa lo que pertenece a ese mundo. Todo lo que percibimos, lo filtramos a través de la razón. Y ésta juzga siempre remitiéndose a viejas experiencias. Por ejemplo, cuando nos peleamos con alguien, tendemos a juzgar negativamente todo lo que dice ese alguien. Medimos todas y cada una de sus palabras. Aunque sólo nos diga «¡Hola!», nuestra interpretación puede ser negativa: «¿Hola? ¿Es que no merezco que me dé los buenos días?». Las experiencias anteriores, tanto negativas como positivas, fluyen constantemente en nuestro pensamiento.
Oímos un comentario y nuestra mente interpreta al instante cómo debemos entenderlo. Ocurre tan deprisa que apenas nos damos cuenta. El verdadero problema es nuestra convicción. Creemos lo que nos dice nuestra mente. Actuamos como si realmente lo que pensamos fuera un hecho. Si pensamos que ha sido una burla, para nosotros será una burla. Y punto. Precisamente esa fe ciega en nuestros pensamientos es la que nos acarrea complicaciones.
Cómo se crea el sentimiento de ofensa.

La sensación de que nos han herido no la crean las palabras de nuestro interlocutor. La crea nuestra manera de interpretar sus palabras.

Nuestros sentimientos se crean muy a menudo en nuestra mente. Si pensamos «Eso era un insulto», nos sentiremos insultados.  Si pensamos «Sólo ha sido un exceso verbal», no nos sentiremos tan mal. Si pensamos, en cambio, «¡Menudo comentario genial! Lo aprovecharé para aumentar mi inventario», estaremos muy contentos. Puede que incluso le pidamos más comentarios a nuestro interlocutor para poder anotarlos. La sensación de que nos han herido no la crean las palabras de nuestro interlocutor. La crea nuestra manera de interpretar sus palabras. Es nuestra propia mente la que convierte un comentario en una ofensa. Lo que nos venga ahora a la cabeza decidirá cómo nos sentiremos y cómo reaccionaremos.

Es decir: nuestra mente nos envía hacia el cielo o hacia el infierno.
Es muy útil ser conscientes del proceso que sigue una ofensa. Todo ocurre muy deprisa, y su orden puede ser el siguiente: Oímos un comentario, por ejemplo: «Vaya, sí que eres facilista»; por nuestra cabeza pasa enseguida la idea de que ese comentario no era amable, por ejemplo: «Qué imprudente es» o «No le caigo bien»; nos creemos esa idea negativa; a causa de esa idea sentimos que nos han ofendido o incluso despreciado; entonces reaccionamos con recelo o enfado. Ése es el proceso de creación de una ofensa. Por suerte, tenemos la posibilidad de cambiar ese proceso.!
Por sí solo, un comentario no afecta en nada. Es nuestra mente la que lo convierte en una ofensa. Si somos conscientes de ese proceso, podremos intervenir. Para ello tenemos que empezar a no creer en nuestros pensamientos a pies juntillas. Porque son sobre todo nuestras interpretaciones negativas las que nos ofenden. Pero no tenemos ninguna obligación de aceptarlas.
Un buen ejercicio consiste en no hacer caso a nuestros pensamientos. Seamos conscientes de lo que pensamos sobre las palabras de los demás. Si nuestra mente nos envía a la órbita del sentimiento de ofensa e indignación, contengámonos. Frenemos ese torrente de pensamientos y recordemos: Podemos elegir cómo entender una observación. Tenemos numerosas interpretaciones a nuestra disposición.
Por desgracia, nosotros no podemos decidir qué nos dicen los demás. Pero sí podemos decidir cómo interpretar las palabras de los demás. Nadie puede obligarnos a comprender que un comentario chocante es una ofensa. También podemos interpretarlo como un chiste o como un patinazo verbal. Somos libres de sacar el mejor partido de un comentario tendencioso. Empecemos no creyendo automáticamente lo que nos cuentan nuestros pensamientos negativos. Seamos un poco más fuertes. Elijamos conscientemente el modo de ver las cosas que nos brinde más alegría o, al menos, más tranquilidad. Y convirtámoslo en costumbre. Porque se trata de que atajemos los ataques verbales con serenidad y buen humor.

Lecturas Recomendadas: Efecto de las palabras en la vida

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[1] Tomado y adaptado de: BERCKHAN, Bárbara: “Judo con palabras”, defiéndete cuando te falten al respeto. 2008. Traducción: Lidia Álvarez Grifoll. Editor digital: Titivillus, ePub base r1.2. Lectulandia. 273 Páginas. Pág. 21-27.

Creditos de imagen: Surian Soosay

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Luis Hernando Mutis Ibarra o LuHer es quien escribe sus reflexiones en la página “EduquenZen”. Desde hace más de dos décadas, viene aportando a la reflexión en múltiples ámbitos de la educación, la espiritualidad y la vida. Ha sido Asesor en diversas instituciones educativas, ha realizado investigaciones y estudios en diversos campos temáticos: Educativo y pedagógico, espiritual y desarrollo humano, social y político. Es conferencista reconocido en estos ámbitos, sobre lo cual y en sus procesos de interiorización, realiza constantes ejercicios escriturales que comparte constantemente en su entorno social.

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