Mundo Interno, Vive

Dejar que todo sea como es

POR UN LENGUAJE NUTRITIVO Y ESTIMULANTE

Dejar que todo sea como es, implica primero aceptarlas como son; por lo que todo lo que observemos no es necesario transformarlo en palabras, en lenguaje. Sólo limitémonos a vivir la experiencia de percibirlo y sentirlo.

De todo lo visto en las partes anteriores, evidenciamos que lo primero que tenemos que hacer, es alcanzar la capacidad de estar en estados conscientes y atentos a nuestra constante verbalización sea mental u oral. La idea es poder trabajar para ser capaces de detenerla o estar muy alerta ante estas emisiones mentales y expresiones orales.

Tomemos consciencia de su presencia; estemos atentos a su aparición mental, pero el propósito es no transformarlas en palabras. Sólo hay que observar dicha verbalización. El punto, es que observemos lo que observemos,  dejemos que las cosas sean, que todo sea como es, sin lenguaje; dejemos que las personas sean, sin lenguaje; dejemos que las situaciones sean, sin lenguaje. No es algo imposible; es algo natural. Es la situación presente la que es artificial; sin embargo, nos hemos acostumbrado tanto a ella, se ha transformado en algo tan automático, que ni siquiera nos damos cuenta de que estamos constantemente transformando las experiencias en palabras, en lenguaje.

Tomemos consciencia de su presencia; estemos atentos a su aparición mental, pero el propósito es no transformarlas en palabras.

El amanecer y el atardecer están ahí. Nunca nos damos cuenta de la distancia que hay entre sólo verla y verbalizar acerca de ella. Vemos el sol, lo sentimos, e inmediatamente lo verbalizamos. La brecha entre ver y verbalizar ha desaparecido. Debemos tomar conciencia del hecho de que la alborada no es una palabra. Es un hecho, una presencia. La mente transforma automáticamente las experiencias en palabras. Estas palabras llegan, así, a entorpecer nuestra vivencia de la experiencia.

Dejar que todo sea como es
No se necesitan palabras para experimentarlo.

“Estar conscientes significa vivir sin palabras, vivir en forma no-lingüís­tica.”

A veces, esto ocurre espontáneamente. Cuando estamos enamorados, sentimos la presencia, no el lenguaje. Cada vez que dos amantes se encuentran en forma íntima, dejan de hablar. No es que no haya nada que expresar. Al contrario, hay una enorme cantidad de cosas que expresar. Pero las palabras nunca aparecen; no podrían. Las palabras llegan sólo cuando el amor se ha ido.

La sociedad no puede existir sin el lenguaje; lo necesita. Pero la existencia no lo necesita.” No se está diciendo que debamos eliminar el lenguaje de nuestra vida. Tendremos que utilizarlo. Pero debemos tener la capacidad de conectar y desconectar el mecanismo de la verbalización. Cuando existimos como seres sociales, necesitamos el mecanismo del lenguaje; sin embargo, cuando nos encontremos solos con la existencia, debemos ser capaces de desconectarlo. Si no podemos desconectarlo -sigue y sigue, y somos incapaces de detenerlo- nos hemos transformado en su esclavo. La mente debe ser un instrumento, y no el amo. Cuando la mente es el amo, tenemos un estado en que nuestra consciencia está ausente. Cuando nosotros somos el amo, nuestra consciencia nos lleva de la mano. Así, entonces, estar conscientes significa transformarse en el amo del mecanismo de la mente.

“La mente y su funcionamiento lingüístico no es lo esencial. Nosotros la trascendemos; la existencia la trasciende. La consciencia trasciende la lingüística; la existencia trasciende la lingüística. Cuando consciencia y existencia se unen, comparten una comunión. Esta comunión es la que se conoce comúnmente como meditación, que es la misma consciencia”[1].

Dejar de lado el lenguaje no quiere decir que se deba suprimir o eliminar. Sólo significa que no debe ser un hábito que nos ocupe durante las veinticuatro horas del día. Cuando caminamos, debemos mover las piernas. Sin embargo, si seguimos moviéndonos cuando estamos sentados,  significa que estamos locos. Debemos poder inmovilizarlas. Del mismo modo, no debiéramos utilizar el lenguaje si no estamos hablando con alguien. Es una técnica para comunicarse. Cuando no nos estamos comunicando, el lenguaje no debería estar presente.

“Apenas comprendemos nuestro hábito mecánico de verbalizar, de transformar la existencia en palabras, creamos una brecha. Surge en forma espontánea. La brecha sigue a la comprensión, como una sombra.”

Necesitamos el lenguaje, pero no debemos estar siempre con él. Debe haber momentos en que no haya verbalización, en que sólo existamos. No es que estemos vegetando. La consciencia está ahí. Y se encuentra más penetrante, más viva, porque el lenguaje la embota. El lenguaje se halla condenado a ser repetitivo; y, por tanto, produce aburrimiento. Mientras más importante sea el lenguaje para nosotros, más aburridos estaremos.

Recordemos que la existencia nunca repite. La existencia siempre es joven, y el lenguaje siempre es viejo. Por medio del lenguaje, huimos de la existencia, huimos de la vida, porque el lenguaje está muerto. Mientras más nos comprome­temos con el lenguaje, más muertos estaremos.

Démonos cuenta que prácticamente vivimos en las palabras –o ¿ellas nos tienen a nosotros?[2]-. Esto es, no vivimos. Al final, sólo hay una cantidad de palabras acumuladas, Y nada más. Las palabras son como fotografías. Vemos algo que está vivo y le tomamos una foto. La fotografía es inerte. Entonces hacemos un álbum de fotografías inertes. Una persona que no ha vivido en estado consciente –sino mecánicamente- es como un álbum muerto. Sólo tiene fotografías verbales, sólo recuerdos. Nada ha sido vivido, todo ha sido solamente verbalizado.

Dejar que todo sea como es
¿Vivimos en las palabras?

Estar conscientes o meditar significa que el lenguaje no está ahí. De otro modo, no hay comunión con la existencia, con todo lo que existe. Permitamos que existan momentos en que no hayan palabras. No podemos deshacernos de las palabras con otras palabras. No podemos eliminar el lenguaje con palabras; es imposible. Luego entonces, comencemos por dejar que todo sea como es.

 

[1] Esta parte la he tomado y la he adaptado de: OSHO. “Psicología de lo esotérico”, La nueva evolución del hombre. Documento virtual. Página 12-13

[2] leer el artículo sobre: “Los neurocientíficos afirman que las palabras que usamos cambian nuestro cerebro” https://cambiemoslaeducacion.wordpress.com/2016/10/18/los-neurocientificos-afirman-que-las-palabras-que-usamos-cambian-nuestro-cerebro/

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Luis Hernando Mutis Ibarra o LuHer es quien escribe sus reflexiones en la página “EduquenZen”. Desde hace más de dos décadas, viene aportando a la reflexión en múltiples ámbitos de la educación, la espiritualidad y la vida. Ha sido Asesor en diversas instituciones educativas, ha realizado investigaciones y estudios en diversos campos temáticos: Educativo y pedagógico, espiritual y desarrollo humano, social y político. Es conferencista reconocido en estos ámbitos, sobre lo cual y en sus procesos de interiorización, realiza constantes ejercicios escriturales que comparte constantemente en su entorno social.

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