Mundo Interno, Vive

EL LENGUAJE DEL SILENCIO: ENTRADA A NUESTRO MUNDO INTERIOR

El lenguaje del silencio

POR UN LENGUAJE NUTRITIVO Y ESTIMULANTE

El lenguaje del silencio es el puente para comunicarnos con nuestro interior, lugar desde donde emerge la sincronía con el mundo externo..

En el mundo corriente se necesitan las palabras. El lenguaje está para este mundo ordinario, para el mundo del día a día. Pero por otra parte, en nuestro mundo interno, en el ámbito espiritual el lenguaje no es necesario, ahí se requiere el silencio. Allí no se compra nada. Allá no se habla con alguien en particular, sino que se está en simple comunión con la existencia misma. No hay necesidad de hablar, las palabras son innecesarias. La existencia no comprende las palabras. El lenguaje es humano mientras que la existencia es mucho más amplia y no se limita a lo humano.
El lenguaje es un lubricante que ayuda a la comunicación, pero solamente en el mundo utilitario. Y tan pronto como comenzamos a movernos hacia la existencia, ella no tiene utilidad, no es algo que pueda comprarse o venderse, no tiene propósito. La existencia es para observarse con profundo silencio. [1]

 

El Lenguaje del silencio

 

Nuestro lenguaje es incapaz de expresar la grandeza divina. Pero nuestro silencio si puede hacerlo. Porque cuando callamos el mercado de la mente, nos sintonizamos con la existencia. De ahí que todas las religiones prediquen el silencio. Cuando estamos en silencio no somos seres humanos… somos la roca, el árbol, el animal, la nube. Cuando callamos estamos en sintonía con la existencia (o con Dios [2]), dejamos de estar en los confines de lo humano para hacernos partícipes de la vasta existencia. Las palabras son ruido. El lenguaje sencillamente no lo logra.
“La verdad no tiene nombre. No se necesitan rótulos lingüísticos o, lo que es mejor, cualquier rótulo servirá. La verdad existe, mientras que las palabras son hechas por el hombre. El silencio no es fabricado, y en ello radica su belleza. Si desean conocer a Dios, deberán guiarse por lo que proviene de él y buscarlo a través de su don. Ese don encierra un puente a través del cual podrán conectarse nuevamente con la divinidad. El silencio es un precioso tesoro. Un solo momento de silencio vale más que horas de estudio o reflexión” [3].
Desde esta dimensión se considera que el tiempo se crea como producto del lenguaje y su estructura lineal: pasado, presente y futuro. En realidad no hay pasado ni futuro, solamente un continuo presente. Solamente hay eternidad. La existencia no tiene ni pasado ni futuro: vive en la eternidad y siempre está en el ahora. Así, nuestro lenguaje es producto de la memoria y está comprometido con ella, piensa en el pasado y en el futuro, el cual es una proyección del pasado. En su ir y venir entre ellos, se pierde del presente, que es la única realidad. Por eso entonces, puede decirse que Dios es el presente, Dios “es”, es siempre, y no hay un “era” ni un “será”, Dios es.

 

El Lenguaje del silencio

 

El lenguaje es un eco, un reflejo en el espejo, una sombra. El lenguaje es la carta del restaurante, pero no es la comida. Podemos leer la carta pero no comerla. La carta logra abrir el apetito, pero no puede satisfacerlo. Las palabras de un maestro pueden abrir el apetito por lo Divino, pero no satisfacer el hambre de él. Las escrituras pueden provocar deseo, pero no satisfacerlo. Las palabras pueden desafiar, pero no pasan de ahí, porque son solamente una sombra. Todo lenguaje es muy personal. El lenguaje comunica pero, al mismo tiempo, no transmite. Y, mientras más refinado sea el lenguaje, más se aleja de la vida cotidiana y solamente los eruditos lo pueden comprender.
Pero el silencio de nuestro mundo interior, el silencio que nos conecta con lo divino, no está muerto, no es el silencio de un cementerio, es el silencio de un templo, ¡está vivo! Es una canción sin palabras. Tiene gestos que se manifiesta de mil y una maneras.

Por ejemplo, fijémonos en las flores, las aves volando, las estrellas, los árboles, las montañas, todos ellos son gestos del silencio. Toda esta existencia es una danza de silencio. Podemos ser silencio, pero nunca podremos conocerlo. Para conocer algo, tiene que haber una separación, una distancia. Nosotros tendremos que ser el conocedor y el silencio tendrá que ser lo conocido.
Nosotros también estamos hechos de silencio, pero todavía no nos hemos dado cuenta porque no hemos profundizado aún lo suficiente en nuestro ser. Luego, no es una cuestión de conocer, sino de Ser. Entendamos que el silencio también rebosa en nosotros, lo que pasa es que constantemente nos enredamos en toda clase de cosas sin verdadera importancia; nos dejamos arrastrar por el mercado y el bullicio de la mente, lo cual impide darnos cuenta de ese rebosante silencio que está dentro de nosotros. En el caso de los sabios, ellos se deshacen de todo aquello que no es esencial, y solo se quedan con el rebosar de su silencio.

¿Por qué nos preocupamos por todo y muchas veces alguna nimiedad nos daña el día –y la vida-? Todo viene de la nada. La nada no es nada, pero también lo es todo. Y reconocer a la nada como todo, como una experiencia, es la única manera de encontrar la unidad con el universo.

[1] Ideas para entender los tipos de silencios: http://www.somostodosuno.com/articulos.asp?id=10592

[2] Lo divino tiene centenares de nombres, podemos utilizar cualquiera de ellos por ejemplo: Dios, Absoluto, Vida, Todo, Vacío, Existencia, Tao, Alá, Universo.

[3] OSHO. “El principio Zen”. La vivencia de la más grande paradoja. Traducción de Adriana de Hassan. Pág. 121

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Luis Hernando Mutis Ibarra o LuHer es quien escribe sus reflexiones en la página “EduquenZen”. Desde hace más de dos décadas, viene aportando a la reflexión en múltiples ámbitos de la educación, la espiritualidad y la vida. Ha sido Asesor en diversas instituciones educativas, ha realizado investigaciones y estudios en diversos campos temáticos: Educativo y pedagógico, espiritual y desarrollo humano, social y político. Es conferencista reconocido en estos ámbitos, sobre lo cual y en sus procesos de interiorización, realiza constantes ejercicios escriturales que comparte constantemente en su entorno social.

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