Mundo Interno, Vive

La búsqueda interna

POR UN LENGUAJE NUTRITIVO Y ESTIMULANTE

La búsqueda interna tiene que ver con el poder de internarnos dentro de sí mismos, para detectar e instalarnos en los espacios entre las palabras, entre el lenguaje y el silencio. Es la capacidad de crear distancia entre nosotros y los eventos de la vida, donde podamos asumir el papel de observadores. Este proceso nos llevará a ser cada vez más conscientes de nuestra propia vida

En realidad, nuestra vida en un 99.9% es inconsciente, mecánica, es un sueño psicológico.

La mente no está en silencio, de modo que cualquier cosa que provenga de nosotros sólo creará más confusión. Todo lo que podemos hacer en este momento es comenzar a darnos cuenta del modo cómo funciona la mente. Iniciar la búsqueda interna, eso es todo: sólo darnos cuenta. Tomar consciencia, eso, no guarda ninguna relación con palabras. Es un acto existencial, no un acto mental.
Estar conscientes de nuestros procesos mentales. Apenas tomamos conciencia del funcionamiento de nuestra mente, dejamos de ser la mente. La sola consciencia significa que nos encontramos más allá: lejanos, como unos testigos. Y, mientras más conscientes estemos, mayor será la capacidad para ver. Las brechas entre la experiencia y las palabras se amplían. Las brechas están ahí, pero estamos tan poco conscientes que nunca las vemos.
La búsqueda interna, nos llevará a meternos entre dos palabras, donde siempre hay una brecha, aún cuando imperceptible, aún cuando pequeña. De otro modo, las dos palabras no estarían separadas; serían una sola. Entre dos notas musicales siempre hay una brecha, un silencio. Dos palabras o dos notas no pueden ser dos, a menos que exista un intervalo entre ambas. Siempre hay un silencio ahí; pero, para sentirlo, uno debe estar realmente consciente, realmente atento. Darnos cuenta de esos espacios, es comenzar a tomar distancia, comenzar a utilizarlos, para separarnos de todo evento y situación y volvernos espectadores, observadores, testigos.

 

La búsqueda interna
Asumir el papel de observador

Mientras más alerta estemos, la mente se va volviendo más lenta; mientras más conscientes estemos, más lento es el proceso mental. Cuando estamos más conscientes de la mente, ésta se lentifica y se amplían las brechas existentes entre los pensamientos. Entonces podemos verlas: Es igual que una película. Cuando el proyector se hace funcionar en cámara lenta, vemos los espacios entremedios. Cada fragmento será una fotografía separada. Si estas miles de fotografías corren frente a nuestros ojos tan rápidamente que no podamos ver los espacios, vemos la mano que se levanta como un proceso. Pero en cámara lenta, podemos ver los espacios.
La mente es igual que una película. Los espacios están ahí. Mientras más atentos estemos a nuestra mente, más los veremos. Es como una imagen gestáltica: una imagen que contiene dos imágenes diferentes al mismo tiempo. Podemos ver una imagen o la otra, pero no las dos al mismo tiempo. Puede ser el retrato de una anciana y, al mismo tiempo, el de una joven. Pero si nos centramos en una, no veremos a la otra; y, cuando nos centramos en la otra, perdemos de vista a la primera. Aun sabiendo perfectamente bien que hemos visto ambas imágenes, no podemos verlas simultáneamente.
Lo mismo ocurre con la mente. Si vemos las palabras, no podemos ver los espacios; y si vemos los espacios, no podemos ver las palabras. A cada palabra sucede un espacio, y a cada brecha sigue una palabra; pero no podemos verlas a las dos a la vez. Si nos centramos en los espacios, perderemos de vista las palabras. Seremos impedidos para la consciencia.
Una consciencia focalizada sólo en palabras, es no-meditativa, y una consciencia centrada sólo en los espacios es meditativa. Cuando sea que tomemos consciencia de los espacios, perderemos las palabras. Si observamos cuidadosamente, no encontraremos palabras: sólo encontraremos un espacio vacío.
Podemos ver la diferencia entre dos palabras, pero no la diferencia entre dos espacios. Las palabras están siempre en plural y el espacio es siempre singular: “el” espacio. Se fusionan y convierten en uno solo. Estar consciente es concentrarse en el espacio, en la brecha. Entonces toda la Gestalt cambia.
Gestalt
Debemos comprender otra cosa. Si miramos la imagen gestáltica y nos concentramos en la anciana, no podemos ver el otro retrato. Pero si seguimos concentrándonos en la anciana -si seguimos concentrados en ella, si le prestamos toda la atención- llegará el momento en que el foco cambie, y repentinamente la anciana habrá desaparecido, y ahí tenemos al otro retrato. ¿Por qué ocurre esto? Ocurre porque la mente no puede permanecer focalizada durante mucho rato. Debe variar, de lo contrario se duerme. Estas son las únicas dos posibilidades. Si nos concentramos, en una sola cosa, la mente se dormirá. No puede permanecer estable: es un proceso viviente. Si dejamos que se aburra, se irá a dormir, huyendo de la paralización del foco. Entonces puede seguir viviendo en los sueños.
“Si nos identificamos con las palabras, saltaremos de una palabra a otra, y pasaremos por alto los espacios. Pero si no nos identificamos con las palabras, si somos sólo unos testigos –lejanos, sólo observando cómo las palabras se suceden unas a otras- toda nuestra atención cambiará, y tomaremos consciencia de la brecha. Es igual que si miramos pasar a la gente en la calle. Una persona ya pasó y la siguiente aún no. Hay un intervalo; la calle está vacía. Si estamos mirando, conoceremos este intervalo vacío.
“Y una vez que conocemos el espacio vacío, estamos en él; hemos saltado a su interior. Es un abismo -da tanta paz, crea tanta consciencia-. Permanecer en esta brecha es transformación. En ese instante ya no necesitamos el lenguaje: nos deshacemos de él. Lo abandonamos conscientemente. Estamos conscientes del silencio, del infinito silencio. Somos parte de él, somos uno con él. No tomamos consciencia del abismo como algo separado de nosotros; lo percibimos como parte nuestra. Observamos la brecha, pero ahora el observador es el observado.
“En cuanto a las palabras y pensamientos, somos unos testigos aparte; las palabras son algo separado de nosotros. Pero cuando no hay palabras, nosotros somos la brecha entre ellas: conscientes, sin embargo, de que lo somos. Desaparece la barrera entre nosotros y la brecha, entre la consciencia y la existencia. Son sólo las palabras las que constituyen la barrera. Ahora nos encontramos en una situación existencial. Esto es consciencia: ser uno con la existencia, estar totalmente inmersos en ella, permaneciendo con atención plena, en alerta. Esta es la contradicción, la paradoja. Ahora hemos conocido una situación en la que, somos conscientes, estando además inmersos en ella.
“Si estamos identificados con algo, nos unimos con eso, pero no estamos conscientes (como en la ira o en el sexo) Nos unificamos solamente cuando estamos inconscientes.
“Cuando utilizamos palabras, estamos también utilizando los silencios. Tendremos que estar atentos a ambos. Si sólo se comprenden las palabras, tendremos una comunicación; pero si también podemos tomar consciencia de los espacios entre ellas, tendremos una comunión”.
En nuestra búsqueda interna, tenemos que comenzar de alguna forma. Todo comienzo tiene grandes dificultades, pero hay que atrevernos a hacerlo. Al equivocarnos, al explorar a tientas, encontraremos la puerta. El que piensa comenzar sólo cuando crea tener la forma correcta de hacerlo, nunca dará el paso inicial. Aún un paso en falso es un paso en la dirección correcta, porque es un paso, un comienzo. Comenzamos a tentar en la oscuridad y buscando a tientas encontramos la puerta.
Es por eso que se dice que estemos atentos al proceso lingüístico -el proceso de las palabras- y que busquemos tomar consciencia de las brechas, de los intervalos. Habrá momentos en que, sin hacer un esfuerzo consciente, tomaremos conciencia de los intervalos. Ese es el encuentro con lo divino, el encuentro con lo existencial.
Y, cuando se logra tener un encuentro, no huyamos, permanezcamos allí. Tendremos miedo al principio; eso es inevitable y es natural. Cada vez que nos encontramos con lo desconocido, surge el miedo, porque para nosotros, lo desconocido es la muerte. Así es que cada vez que encontremos un intervalo vacío, sentiremos que la muerte se nos acerca. Entonces ¡muramos! Permanezcamos en eso, y estemos muertos por completo en esa brecha. Y tendremos un renacer. Muriendo nuestra muerte en silencio, la vida resucita. Estaremos vivos por primera vez, realmente vivos.
Así que la consciencia no es un método, sino un proceso; no es una técnica, sino una comprensión. No puede ser enseñada; sólo se puede indicar su dirección. No se puede informar acerca de ella, porque ninguna información es realmente información. Viene del exterior y la consciencia surge de nuestras propias profundidades internas.

La búsqueda interna
Conciencia

El aprendizaje espiritual no puede provenir de las palabras, sino de las brechas, de los silencios que siempre nos rodean. Están ahí, incluso en medio de la muchedumbre, en el mercado, en el bar. En la búsqueda interna, busquemos los silencios, los espacios vacíos, dentro y afuera, y un día nos encontraremos conscientes. Ella viene hacia nosotros. Es siempre ella la que se acerca; no podemos traerla. Pero uno debe estarla buscando, porque sólo cuando la estamos buscando estaremos abiertos a ella, vulnerables a ella. Somos su anfitrión. La consciencia es una invitada. Podemos invitarla y esperarla. Va al encuentro de lo divino, se acerca a todos los que están listos, receptivos, buscando.
No intentemos aprenderla de alguien; seremos engañados si lo hacemos. La mente siempre busca lo más fácil. Este es el origen de la explotación. Entonces vienen los gurús, maestros, líderes y toda su cosa, y la vida espiritual se envenena. La persona más peligrosa es la que explota la premura espiritual. Si alguien roba nuestro dinero no es tan grave, si alguien nos falla no es tan grave; sin embargo, si en nuestro camino hacia la consciencia, hacia lo divino, hacia el éxtasis, alguien nos engaña o nos desvía de nuestra senda de una u otra forma, es imperdonable.
Busquemos a tientas en la oscuridad. Nada más podemos hacer. La búsqueda misma se transformará en la comprensión que nos liberará de la oscuridad. Jesús dijo: “La verdad es libertad”. Comprendamos esta libertad. La verdad siempre viene a través de la comprensión. No es algo con lo que nos encontramos; es algo en lo cual evolucionamos. Sigamos buscando a tientas, y no le temamos al fracaso. Admitamos los fracasos, pero no los cometamos de nuevo. Una vez basta; eso es suficiente. El que se extravía una y otra vez en la búsqueda de la verdad es siempre perdonado. Esta es una promesa que proviene de las profundidades mismas de la existencia.

 

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Buscador

Lo anterior es una forma –y la mejor- de entrar a nuestro ser; pero, es un ejercicio continuo, sencillo y de esfuerzo para estar observándonos a sí mismos constantemente. Por eso, al ser un trabajo en equipo hay mayores posibilidades de crecimiento, que luego lo podremos expandir siempre de adentro hacia afuera. Como en una espiral, primero uno mismo, luego quien esté más cerca de nosotros y así se ampliará el círculo. Pasaremos de la cabeza al corazón y del corazón al ser.

Parte 1
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Luis Hernando Mutis Ibarra o LuHer es quien escribe sus reflexiones en la página “EduquenZen”. Desde hace más de dos décadas, viene aportando a la reflexión en múltiples ámbitos de la educación, la espiritualidad y la vida. Ha sido Asesor en diversas instituciones educativas, ha realizado investigaciones y estudios en diversos campos temáticos: Educativo y pedagógico, espiritual y desarrollo humano, social y político. Es conferencista reconocido en estos ámbitos, sobre lo cual y en sus procesos de interiorización, realiza constantes ejercicios escriturales que comparte constantemente en su entorno social.

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