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La influencia del rótulo psicológico

POR UN LENGUAJE NUTRITIVO Y ESTIMULANTE

La marca del rótulo psicológico muchas veces se utiliza como sanción social, pero depende de nosotros que nos afecte o simplemente sean lo que son: palabras.

 

Todas las posibilidades se mantienen abiertas mientras estamos vivos. Pero cuando tan pronto como rotulamos o marcamos a una persona –buena, mala, inmoral, religiosa, idealista, creyente, atea, vaga, o cualquier otro nombre- la vemos como si fuera una cosa. Al rotular creamos un sinnúmero de problemas. Con el rótulo se refuerza el comportamiento al cual se hace referencia.

Es muy popular oír diversas maneras de denominar o nombrar a las personas por medio de formas que no son sus propios nombres, ni tampoco de acuerdo a sus características personales, o sus actuares que lleven a crear conciencia de condiciones que necesitan cambiarse, corregirse o transformarse.

Por un lado el rótulo que conocemos como “apodo”, es un fenómeno de amplia extensión en nuestro lenguaje, ya sea que se refiera de forma individual o colectiva (familia, pueblos), y que por lo general se vuelve generacional; muchas veces es un término alusivo a defectos corporales, o una forma de caricaturizar una característica física, psicológica o de alguna actuación, reacción o de lenguaje circunstancial no corriente. No todos estos términos semejantes como: alias, motes, sobrenombres o seudónimos tienen la intención de resaltar lo negativo; algunos incluso son de orden jocoso, o simplemente para simplificar un nombre. Algunas veces, estos se terminan aceptando, o incluso los asigna la misma persona, como ocurre con los seudónimos.

En el caso que se trata aquí, no implica la definición de rótulo en el sentido de “etiqueta”, el de brindar una información pertinente, o de aquella “inscripción que se sitúa sobre algo para indicar qué es, hacia donde se envía, o para que sirve”.

 

El rótulo psicológico

 

Es ante todo de la influencia que producen los rótulos psicológicos negativos, y más aún del daño que pueden crear cuando están dirigidos a personas sensibles o altamente vulnerables, en el sentido de que todo les afecta.

Todos los rótulos psicológicos son destructivos; peor aun cuando se vuelven un rumor continuo –cuando comienza a tener acogida, es decir, cuando un gran número de personas califican a alguien de cierta manera; uno lo escucha, lo adopta y luego se lo pasa a alguien más-; pues, la gente tiende a pensar de manera colectiva en lugar de tener sus propias ideas individuales, originales; se difunde así, gradualmente hasta que el rótulo va adquiriendo proporciones mayores; se convierte en un aviso luminoso de letras mayúsculas.

Se ha observado que las personas tienden a contagiarse de estos rótulos, y lo más grave es que, tienden a vivir según ellos, ya que tratan de llenar –cumplir- dicho enunciado. Cuando esta marca se hace repetitiva e insistente, la persona termina creyéndolo a pie juntillas, lo que lleva a tomárselo como un mandato social.

Cuando se rotula a una persona, por mucho que se esfuerce por no comportarse conforme a ese encasillamiento, le es muy difícil zafarse de él. A lo mucho, sólo llega a fingir, y en diversos momentos de manera inconsciente, esta marca sale a flote; puesto que hay rótulos psicológicos que están fuertemente arraigados que la persona no se da cuenta de ello.

Muchos problemas que la gente encuentra hoy, es por el hecho de tratar de seguir los rótulos la gente y la sociedad aplica.

Con los niños y adolescentes el problema es más delicado, porque son más susceptibles a su influencia y por lo tanto tienden a acomodarse a las etiquetas que se les endilga; así mismo, es más fácil la manipulación y se les graba rápidamente, porque ellos son como las esponjas, que lo absorben mecánicamente sin poder tomar distancia ni consciencia de dichas marcas verbales.

Cuando la persona se guía por las apariencias,  jamás podrá seguir la presión y el control de los otros. Aunque se hagan todos los esfuerzos por agradar a los demás, aquello no tendrá fin, y se verá frustrado continuamente. Recordemos que con los rótulos psicológicos, así como en muchas otras cuestiones, se  tiende  a exagerar y sobredimensionar las cosas.

 

El rótulo psicológico

Si los rótulos psicológicos son positivos, no hay mayor problema; por el contrario se convierten en reforzadores y en aliento potenciador para las personas que los reciben; incluso lo reciben con agrado, se les ensancha el ego. Decirle a alguna persona, sobre todo a las personas sensibles como los niños cosas como: “eres inteligente”, “eres muy capaz”, “tú lo puedes lograr”, o cosas como: “eres bonita”,  “elegante”, “atlético”, son palabras de apoyo, que en verdad contribuyen a mejorar los ambientes de las relaciones humanas; puesto, que también como en lo negativo, la tendencia es de darle o llenarle de contenido y significado a aquello que se dice; en otras palabras, de manera inconsciente se quiere darle realidad a esos rótulos, para ello, nos amparamos en coincidencias que ocurren en nuestra vida para equipararlas o que se toman como argumentos sustentadores para respaldar lo dicho por los otros.

Con nuestras expresiones y gestos lo revelamos todo, nuestra intencionalidad se pone en exposición; sobre todo, con el lenguaje no verbal que no miente; pues, las palabras por lo común son mantos, paños o cortinas que ocultan lo que verdaderamente sentimos o queremos decir; y sin embargo –esa es la paradoja- lo que decimos –así sea falso- puede hacer daño o también sanar.

Recordemos que el efecto mágico de las palabras es tan poderoso que así como puede destruir una vida si las utilizamos mal, pueden también crear bellos sueños, dar belleza, amor, afecto, crear, cambiar y transformar vidas. El hechizo –para bien o para mal- viene de la palabra, del lenguaje verbal y no verbal.

Frente a lo que nos dicen o decimos, es necesario aprender a tomar distancia frente a estas marcas, porque la distancia nos permite tener consciencia de que solamente son símbolos, palabras, sonidos; elementos con los cuales podemos lidiar si le damos o no el o los significados que otros le quieren dar. Aceptarlos o no dependen de nuestra decisión para que nos sintamos o no afectados.

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Luis Hernando Mutis Ibarra o LuHer es quien escribe sus reflexiones en la página “EduquenZen”. Desde hace más de dos décadas, viene aportando a la reflexión en múltiples ámbitos de la educación, la espiritualidad y la vida. Ha sido Asesor en diversas instituciones educativas, ha realizado investigaciones y estudios en diversos campos temáticos: Educativo y pedagógico, espiritual y desarrollo humano, social y político. Es conferencista reconocido en estos ámbitos, sobre lo cual y en sus procesos de interiorización, realiza constantes ejercicios escriturales que comparte constantemente en su entorno social.

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